Asambleas Nacionales de Trabajadores
(ocupados y desocupados)
Encuentro Nacional de Empresas Ocupadas y en Lucha
Convocantes a la 2° Asamblea Nacional de Trabajadores
(Bloque Piquetero Nacional, MIJD, sindicatos y delegados clasistas)
Asambleas Nacionales de Trabajadores desocupados y ocupados

Contribución del Polo Obrero al
Encuentro Nacional de Fabricas Ocupadas y en Lucha

 

Los trabajadores enfrentan el derrumbe capitalista

1. El vaciamiento general de empresas que estamos enfrentando es una señal inconfundible del derrumbe de un orden social. Lo que antes era la excepción, ahora ha pasado a ser la regla. Los patrones huyen de las fábricas. Ni siquiera aparecen otros candidatos dispuestos a sustituirlos. En los contados casos en que surge un capitalista interesado, esa operación nos es más que una pantalla para algún negocio inmobiliario o especulativo, o un proyecto de brutal racionalización.

Estamos asistiendo a la bancarrota de un sistema de producción. Al hacer abandono masivo de la fábrica, la clase capitalista está revelando más que nunca que es incapaz de hacerse cargo de la producción. Su función social y económica está agotada. Esto pone a la orden del día la necesidad de una transformación social, en la que los trabajadores están llamados a jugar un papel protagónico.

2. El principal obstáculo para la producción, como lo corroboran los centenares de empresas vaciadas, es el propio capital. Los costos laborales fueron reducidos a su mínima expresión, hasta el punto de la mano de obra gratuita (caso trabajadores subsidiados por el estado, con planes trabajar) mientras la superexplotación fue llevada, como contrapartida, a su máximo nivel. Esta política de flexibilidad laboral extrema no sirvió, sin embargo, para que las empresas salieran a flote. El "ahorro" que se hace a expensas del salario obrero va a parar el bolsillo de los dueños. Mientras los obreros ven reducir sus condiciones de vida a niveles inauditos, los patrones vacían las empresas y desvían los recursos y los invierten en otros negocios o los mandan al exterior.

Las más de 1.200 empresas abandonadas hablan de la incompatibilidad existente entre las posibilidades de producción y las relaciones de producción imperantes. Establecimientos enteros, con capacidad para emplear miles de obreros, parques de maquinarias modernos, instalaciones adecuadas, están abandonados, corren el riesgo de desaparecer, mientras millones de compañeros no tienen trabajo con sus demandas alimentarias, de vestimenta, de vivienda desesperantes, sin satisfacer.

3. El problema no reside, por lo tanto, en el costo laboral sino en el costo empresario. Grissinópoli, Chilavert, Ghelco, Brukman, Zanón, así como las decenas de plantas en la misma condición son "viables"; los que las hacen "inviables" es la voracidad y el parasitismo patronal. La mejor demostración que esto es así la dan los propios trabajadores, quienes, en muchas empresas vaciadas, han reabiertos las plantas o están en plenos preparativos para hacerlo. Los capitalistas cierran las fábricas, los trabajadores las ponemos nuevamente a producir.

El casi centenar de fábricas que en la actualidad están en manos de los trabajadores revela la superioridad de los métodos de organización de los trabajadores. Su funcionamiento constituye un golpe a la política patronal pues plantea que se puede prescindir de los patrones. Se destruye el mito que presenta a la propiedad privada como el medio excluyente y natural de organización de la producción.

Expropiación y gestión obrera

4. La gestión obrera plantea la expropiación de las máquinas, de los edificios, del capital de las empresas y su entrega a los trabajadores. Esta salida representa una superación de las variantes de salida tradicionales. No somos partidarios de fábricas autogestionarias, donde el obrero viva la ficción de que se ha transformado en patrón y salga a probar suerte y termine destruido por la competencia capitalista y la fuerza superior del capital. Pero tampoco somos partidarios de la estatización capitalista. La estatización no sólo es una medida económica con relación al capital privado. Es también una intervención política del Estado capitalista en defensa del sistema de explotación de los trabajadores. Apunta a someter a los trabajadores y reducirlos a la condición obediente de mano de obra explotada, como una condición necesaria para reconstruir la empresa sobre la base capitalista tradicional, cualquiera sea su variante, ya sea reprivatizándola o manteniéndola bajo la órbita del Estado. En este último caso, el interventor o administrador estatal de turno reemplaza en su función a la patronal. La mera estatización de Aerolíneas, los yacimientos del Turbio, los ferrocarriles, las comunicaciones o cualquiera de las empresas quebradas conduciría a su racionalización, a enchufar sus deudas al pueblo mediante impuestazos, a poner "en valor" a las empresas para reprivatizarlas y así pasar de un ciclo a otro con eje en la estafa patronal a sus trabajadores, al Estado y a toda la población.

5. Es necesario combatir todos los condicionamientos que se interponen en el desarrollo de una gestión obrera, que pueden llegar transformarse en trampas mortales contra las fábricas en manos de los trabajadores. La primera cuestión consiste en la pretensión de que a los obreros nos hagan cargo de las deudas empresarias. Una extensión de este mismo tipo de propuestas tramposas es que los trabajadores pongamos plata, renunciemos a nuestras indemnizaciones o los créditos laborales que la patronal nos adeuda por atrasos y diferencias salariales

Esto puede constituir una salida para los dueños que se desembarazan de la deuda pero no para los trabajadores quienes pierden los pocos pesos que le corresponden legalmente por su trabajo y pasan a cargar sobre sus espaldas una hipoteca ilevantable.

Un segundo obstáculo es que los trabajadores cuentan apenas con el "uso precario" de la planta, de las instalaciones y la maquinaria y encima, por ese uso deben pagar un alquiler. Están sometidos por lo tanto al arbitrio del dueño o del juez, quienes pueden disponer en cualquier momento el desalojo del establecimiento.

Las expropiaciones aprobadas hasta el momento en las Legislaturas no pasan de una "declaración ". El Poder Ejecutivo no efectiviza la expropiación en el plazo autorizado con lo cual los obreros se encuentran forzados a tener que asumir la compra de los activos si quieren evitar el cierre.

En tercer lugar, la falta de capital de trabajo (materias primas, servicios, salarios) termina convirtiendo a los trabajadores en rehenes del propio dueño o de otro grupo económico, que es el que adelanta los fondos para el pago de insumos. Bajo la fachada de una gestión independiente, podemos caer en una tercerización encubierta, con la pérdida y desconocimiento del convenio.

Frente a la situación expuesta, planteamos un conjunto de medidas cruciales, imprescindibles para la defensa y el porvenir de la gestión obrera:

a. Expropiación de los activos y su entrega gratuita a los trabajadores en un plazo no mayor de 30 días.

b. Las deudas deben ser asumidas por los dueños, quienes deben responder con sus bienes y patrimonio personal.

c. Otorgamiento de un subsidio no reintegrable, que permita a los trabajadores contar con el capital de trabajo necesario para hacer arrancar el proceso de producción. En lugar de rescatar al capital en quiebra, hay que rescatar a los trabajadores y apuntalar el emprendimiento obrero.

d. Transformación de todas las fábricas en manos de los trabajadores en proveedores privilegiados del Estado, de modo que los productos elaborados en ellas sirvan para abastecer las necesidades de hospitales, escuelas, asistencia social, vivienda y de otras áreas públicas.

Plan de acción

6. Es necesario que los trabajadores tomemos la iniciativa sin esperar el visto bueno de ninguna autoridad de turno. Debemos ocupar toda fábrica que despida, suspenda, que esté en proceso de vaciamiento. Es necesario desafiar a la justicia, al Ministerio de Trabajo, el parlamento, al poder del Estado y toda el enjambre de leyes, reglamentaciones que están al servicio de la patronal. Las fábricas ocupadas se tienen que poner en funcionamiento y volver nuevamente a producir.

Debemos inclusive ir más lejos y adelantarnos a los acontecimientos. Los capitalistas no esperan ninguna autorización, actúan. Cuando se decreta la quiebra o se llama a un concurso de acreedores, la destrucción de la empresa ya está avanzada o totalmente consumada. Los trabajadores tenemos que intervenir ante el primer síntoma que detectemos e impedir que este proceso de vaciamiento avance. Los "indicadores" económicos están hechos a medida de la patronal de la misma forma que los procedimientos legales que se ponen en marcha cuando afecta los intereses del dueño o de sus acreedores. Los trabajadores somos los convidados de piedra y el pato de la boda.

Mas aún, los mecanismos tradicionales previstos en los juicios de quiebra (los privilegios de los acreedores, la liquidación de los bienes) así como lo nuevos (como el cramdown que facilita que terceros se adueñen de la fábrica) pasan a tener, como blanco principal a los trabajadores y las ocupaciones de fábrica y apuntan a quebrar la resistencia que ofrece la clase obrera a los planes patronales.

Hay que invertir la fórmula. A los indicadores y procedimientos patronales debemos oponerle los "indicadores" y procedimientos obreros. En momentos en que estamos en presencia de una quiebra capitalista generalizada, que cada día una empresa nueva se funde, debemos exigir la apertura de los libros, cuentas e inventarios de todas las empresas y su supervisión por parte de los trabajadores. Cualquier atraso salarial, diferimiento en el pago de las cargas sociales es una causa suficiente para que dicha supervisión se extienda al movimiento diario de fondos de la empresa. Esa fiscalización obrera debe tener como función principal garantizar que la recaudación vaya en primer lugar al pago de los salarios obreros. Gracias al control obrero de la recaudación, que conquistaron, hace nueve meses, los choferes de Transportes del Oeste han forzado a la patronal a dar prioridad al pago de los salarios de los trabajadores y a poner un límite a la fuga de fondos que venían haciendo los accionistas (quienes no pueden retirar mas allá del monto equivalente al salario de un trabajador).

Cuando el atraso en el pago de las remuneraciones o las jubilaciones o la obra social se extienda por más de dos meses y en dos oportunidades en el año en forma discontinua, se suspenda o despida o haya manejos irregulares que hagan presumir un vaciamiento (traslado de maquinarias, falta de provisión de materia prima, etc.) estos hechos deben ser tomados como indicadores de la incapacidad empresaria para continuar al frente de la empresa. La patronal debe ser relevada de sus funciones y la gestión de la empresa debe ser asumida por los trabajadores como un punto de partida y un tránsito en la lucha por la expropiación.

7. La lucha por la reapertura de las fábricas debe extenderse inclusive a las plantas que ya están cerradas. El Bloque Piquetero, el MIJD y Barrios de Pie se han puesto a la cabeza de este reclamo, planteando frente a las autoridades que se reabran diferentes fábricas y el auxilio del Estado a todas las empresas bajo gestión obrera, lo que concurrentemente con un plan de obras públicas, permita absorber la mano de obra desocupada. Es necesario incorporar al pliego de reclamos, el listado de establecimientos de cada zona que permanecen inactivos y que podrían volver a entrar en actividad. Este reclamo es una vía de salida para centenares de miles de desocupados y termina por fusionar a trabajadores ocupados y desocupados en un único movimiento común de lucha por la defensa y recuperación de puestos genuinos de trabajo

8. En este marco, el fondo de huelga adquiere una importancia particular. No sólo se trata de la herramienta tradicional para garantizar la subsistencia de los trabajadores en lucha sino que, en la actualidad, es una necesidad para quebrar la resistencia de la burguesía que procura cerrarle el paso a las gestiones obreras en formación. La recolección de recursos, que deben nutrirse del apoyo popular, es fundamental para apuntalar los comienzos del emprendimiento obrero, ayudar a que la fábrica vuelva a ponerse en funcionamiento e impedir que el ahogo y sabotaje económico termine por hundir la nueva experiencia que están recorriendo los trabajadores.

Un papel central en este proceso lo juegan las Asambleas Populares quienes están llamadas a ser la red social de apoyo de las fábricas en lucha. Ese papel ya lo están jugando distintas asambleas como lo revela los ejemplos de Brukman, Chilavert y Grissinópoli. Son las asambleas las que contribuyen con la subsistencia de los trabajadores, reclaman al Estado bolsones de comida, arman redes solidarias y lo más importante ponen el cuerpo y encabezan e impulsan la movilización de todo el barrio formando verdaderos escudos humanos en las puertas de las fábricas ante cualquier tentativa de desalojo. La misma función la cumplen en Zanón las organizaciones de desocupados, sindicatos y corrientes sindicales combativas y organizaciones políticas, quienes han convertido la causa de Zanón en una causa popular, logrando por esa vía frenar los aprestos represivos de la Gendarmería.

El fortalecimiento de este vínculo, generalizándolo a todas las fábricas ocupadas pasa a cumplir un rol estratégico para el triunfo de la lucha planteada.

9. La producción efectiva bajo control y gestión de los trabajadores plantea el problema de la comercialización que se transforma en otro terreno de lucha contra la acción de los monopolios capitalistas tanto competidores en la producción como comercializadores, a menudo ligados o asociados. La salida comercial de los productos de las empresas bajo control de los trabajadores plantea otro terreno de lucha para la red nacional, para las asambleas populares, sindicatos y organizaciones piqueteras transformando en una gran causa política de los explotados y el pueblo todo el "compre control obrero".

Por una Central de fábricas ocupadas y en lucha

10. Simultáneamente a la expropiación de cada fábrica y su entrega a los trabajadores, impulsamos, la creación una central única de empresas ocupadas o bajo gestión obrera. Impulsamos que las fábricas en manos de trabajadores se federen, se unan al movimiento piquetero y a los sindicatos clasistas y elaboren en común un plan de lucha para promover la ocupación de toda fábrica en proceso de vaciamiento, que adeude salarios o que suspenda o despida y crear, de esta forma, un polo centralizador de la acción de los trabajadores para luchar contra el capital y contra el Estado capitalista.

No se nos puede escapar que cualquier comienzo obrero, aún centralizado no puede sustraerse a la competencia capitalista y está sometido a la presión del capital nacional e internacional que, de persistir en el tiempo, termina por asfixiarla económicamente y por destruir cualquier iniciativa obrera independiente

Una federación de fábricas ocupadas y en lucha permitirá librar a otra escala la lucha contra la presión capitalista y darle una dimensión nacional a la lucha por el auxilio económico del Estado a las fábricas bajo gestión obrera, lo que plantea la nacionalización de los bancos y la creación de una banca estatal única, capaz de facilitar el acceso al crédito a las fábricas auotgestionadas y en cuyo directorio deberían incorporarse representantes de las fábricas ocupadas, elegibles y revocables en cualquier momento por el colectivo de trabajadores. Esto supone un plan económico independiente de los trabajadores y plantea la cuestión de quien gobierna la Argentina: si la clase obrera o la clase capitalista. La expropiación y gestión obrera nos conduce a la cuestión del poder y al gobierno de trabajadores.

La cuestión del poder a la orden del día

11. Estamos en presencia de un fenómeno de un alcance gigantesco. El hecho de que los trabajadores tomen la conducción de las fábricas, sustituyan a los patrones y pongan las fábricas nuevamente a funcionar -y que este hecho pase a tener un carácter generalizado- es una manifestación del alto grado de conciencia y determinación de la clase obrera sobre la función histórica que esta llamada a jugar. Frente al abandono y huida de los capitalistas, la clase obrera aparece, en la práctica, en el escenario vivo de los acontecimientos, como la clase capacitada de hacerse cargo de la reorganización del país, sobre nuevas bases sociales. La cuestión del poder está colocada a la orden del día. El control de las fábricas plantea el control del país. Los destinos de la nación deben pasar a manos de los trabajadores. La propia crisis que ha llegado a un estadio terminal reclama desplazar a la clase capitalista, que se vayan todos y que gobiernen los trabajadores. El Bloque Piquetero Nacional asume esta perspectiva por tratarse de la fracción clasista en el movimiento de lucha piquetero.

El Encuentro Nacional de empresas ocupadas y en lucha organizado en cumplimiento de las resoluciones de la Asamblea Nacional de Trabajadores del 22 y 23 de junio por sus convocantes, el Bloque Piquetero y el MIJD en común con una cantidad de empresas en lucha, sindicatos y asambleas populares será una oportunidad para discutir un planteamiento común, un programa de acción y un plan de lucha. El Polo Obrero ofrece como contribución a las deliberaciones del Encuentro, este material, que procura resumir y sacar un conjunto de conclusiones de esta rica y gigantesca experiencia de lucha que viene protagonizando la clase obrera piquetera.

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