| Movimiento Sindical y Empresas ocupadas y en lucha La gestión obrera en las empresas ocupadas |
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Empresas
ocupadas y gestión obrera
4/07/2002
Pablo Heller
El fenómeno de las fábricas ocupadas, que han pasado a ser conducidas por los trabajadores, se viene extendiendo como reguero de pólvora.
En apenas dos meses se han incorporado otros 20 establecimientos en esas condiciones, que ocupan a alrededor de 1.000 obreros. La Clínica Junín, en Córdoba, fue reabierta por sus propios trabajadores. En la Capital, asistimos a nuevos vaciamientos, esta vez de la Editorial Perfil y de la fábrica de alimentos Grissinopoli. Además de rechazar los despidos y reclamar por los salarios caídos, los trabajadores de ambas plantas se han puesto a discutir qué hacer ante el posible cierre. Estamos en vísperas de una nueva ola de cierres, en primerísimo lugar, en el sistema bancario, donde funcionarios y voceros de las patronales señalan que "sobran" 60 u 80 bancos y alrededor de 80.000 trabajadores bancarios. El régimen social capitalista en estado de disolución coloca en primer plano la cuestión estratégica de dar una salida a la debacle capitalista.
Los trabajadores que han tomado en sus manos las fábricas están soportando un verdadero ahogo. "Salvo casos aislados, no recibieron ningún tipo de ayuda por parte del Estado" (Página/12, 16/6). Los subsidios multimillonarios para los bancos y grupos capitalistas en crisis y no tan en crisis, contrasta con la falta de fondos para las fábricas ocupadas por los trabajadores. "Los subsidios están cortados debido a la crisis", declaró uno de los titulares del Inaes, organismo oficial que controla las cooperativas (Página/12, 16/6). Dichas fábricas tampoco cuentan con créditos, ni siquiera por parte de los bancos oficiales. La ausencia de capital de trabajo (materias primas, insumos, mantenimiento de las instalaciones y maquinarias) compro mete seriamente la posibilidad de poner en funcionamiento las plantas.
Tal es el caso de Papelera Platense, que a partir de junio del año pasado volvió a funcionar bajo control de los trabajadores. "La reapertura según afirma Héctor Garay, presidente de la cooperativa que se hizo cargo de la planta fue posible porque quedaba algo de materia prima, si no debería haber cerrado". Otras empresas, como la Baskonia, no pueden empezar a producir pues le faltan los insumos indispensables.
Esta situación termina convirtiendo a las cooperativas en fácil presa de intereses de grupos capitalistas. Aparecen en acción estudios y asociaciones profesionales que terminan haciéndose cargo del gerenciamiento de las empresas y preparan las condiciones para su copamiento. La cooperativa Ciam, que en su momento tomó en sus manos el control de la fábrica Aurora Grundig en Avellaneda, cedió el gerenciamiento de la planta a manos de la cooperativa "Huella de Bilbao", nombre con que se dan a conocer en sociedad estos gerenciadores, y que absorbió la fábrica por el valioso predio que la rodea, más que por la planta fabril en sí misma y sus posibilidades de producción. Está en marcha un meganegocio inmobiliario y no hay que descartar que en su ejecución, el pato de la boda termine siendo la fábrica, con sus trabajadores adentro (o sea, afuera). Los trabajadores de la fábrica de tractores cordobesas Zanello también recurrieron a una "alianza" para enfrentar los condicionamientos con que tropezaban. "Cuando el cierre se produjo, crearon un consorcio compuesto por la cooperativa, los concesionarios comerciales, algunos ex ejecutivos de la firma y el municipio de la zona. Así consiguieron el capital de trabajo para salir adelante" (ídem). Es decir, el peso gravitante en las decisiones pasa a manos de estos profesionales que actúan directa o indirectamente como representantes y testaferros de distintos capitalistas.
Encima de todo, los trabajadores tuvieron que hacerse cargo, en repetidos casos, de la deuda dejada por los antiguos dueños. La nueva Ley de Quiebras, presentada como una "salida" para preservar las fuentes de trabajo, constituye una encerrona mortal para los trabajadores. La "continuidad" establecida por la nueva normativa que contempla la posibilidad de que los trabajadores asuman la conducción de la empresa significa que los obreros heredan los bienes pero también las deudas. "Ciam arrastra la deuda dejada por Aurora" (ídem), lo cual fue uno de los factores que incidieron para que se fundiera. Ni hablar del frigorífico Yaguané, que en los años que viene funcionando ya canceló 3 millones de pesos, lo que apenas es una ínfima proporción de la deuda que debieron asumir, por 80 millones de pesos, que convierte a la cooperativa en un virtual rehén de los acreedores.
Para enfrentar todas estas trampas, los trabajadores deben ocupar toda fábrica que cierre y despida y reclamar que se expropie a los dueños sin pago, en forma inmediata en un plazo no mayor de 30 días. Las deudas de la firma deben ser asumidas por los propios empresarios fundidos. En lugar de pagar indemnizaciones a los capitalistas vaciadores, ese dinero debe ser otorgado en carácter de subsidios no reintegrables a los trabajadores para garantizar el funcionamiento de la empresa, destinándolo a la adquisición de materias primas, el pago de servicios y el mantenimiento de las fábricas.
Para garantizar el derecho al trabajo y la continuidad de las fuentes de producción, no hay otra salida que enfrentar la descomposición patronal, lo que supone incursionar inexorablemente contra los derechos de propiedad y los intereses capitalistas. La expropiación de una fábrica no puede ser entendida como un hecho aislado, sino parte de un amplio proceso de reorganización integral de la sociedad que debe tener a la clase obrera como eje y protagonista. Es necesario que las fábricas ocupadas unifiquen su acción y conformen una red que reclame el financiamiento del Estado y su transformación en un ente coordinado de empresas bajo gestión autónoma de los propios trabajadores. Este planteo está unido a la creación de una banca estatal única, bajo control obrero, capaz de darle el sostén económico necesario a estos emprendimientos, en cuyo directorio deben incorporarse representantes de las empresas autónomas bajo gestión obrera. Dicha representación debe ser elegible y revocable en cualquier momento. Una red única de fábricas que han pasado a manos de los trabajadores constituirá un enorme paso adelante para luchar por cada uno de los reclamos planteados y, al mismo tiempo, darle a este pujante movimiento una perspectiva estratégica común, dirigida a imponer una salida política de conjunto para los trabajadores.