Movimiento Sindical y
Empresas ocupadas y en lucha
La gestión obrera en las empresas ocupadas

Nacionalización, estatización y control obrero
27/05/2003

Lisandro Martinez

En debates relativos a la gestión obrera suele plantearse el interrogante sobre las alternativas de nacionalización, estatización o control obrero. La confusión sobre la caracterización política del Estado, que algunos consideran que representa a "todo el pueblo", mete la cuña como el diablo la cola.

Al respecto es oportuno reflejar dos experiencias internacionales del movimiento obrero, de peso y calibre.

En 1921, la Internacional Comunista (IC) convocó a una reunión sindical que fue conocida como la Internacional Sindical Roja, ocasión en que fue aprobado un brevísimo texto, sin desperdicios, sobre control obrero de las fábricas (ver EDM N° 30, mayo 2003):

1. Caracteriza el rol parasitario, el bloqueo y el sabotaje a la producción de parte del régimen capitalista; deduce la necesidad de reorganizar el sistema productivo de acuerdo a los intereses obreros y avanza resueltamente en el planteo de control obrero de la producción.

2. El control obrero devela ante los ojos obreros la inutilidad del gerenciamiento patronal y rompe el mito del patronazgo. La clase obrera, con esta conclusión, se transforma en dirección, organizadora manual e intelectual de la producción.

3. Con este cambio cualitativo operado en la conciencia de los explotados comienza el tiempo de descuento para la burocracia gremial. Las agrupaciones obreras crecen como hongos; se sirven de los sindicatos pero su objetivo es apoderarse de la producción. La patronal y su Estado no se resignan e intentan sustituir el control obrero: a) por comisiones paritarias, o b) por participación obrera en las utilidades de la empresa. Estos coqueteos y concesiones a los trabajadores están destinados a preservar la propiedad privada de los medios de producción.

4. La Internacional Sindical Roja advierte lo peligroso de entregar la gestión obrera al Estado, llámese estatización o nacionalización. Que los medios de producción estén en manos del Estado burgués no significa que estén controlados por el pueblo; al contrario, están altamente condicionados a la arbitrariedad de los explotadores a través de su Estado. La Dirección Paritaria conformada entre el Estado, los empresarios y los obreros, abre paso a la derrota de la gestión obrera independiente. "El control obrero es irreconciliable con la nacionalización burguesa y con el pasaje de la producción al Estado burgués". Además, "la tentativa de conciliar lo irreconciliable (control obrero vs. Estado burgués) puede provocar fácilmente la descomposición de las nuevas células revolucionarias".

España

Durante la revolución española, en 1936, fracasó una intentona golpista derrotada por los obreros en armas. Los trabajadores, por la huida de las patronales cómplices de los derechistas, debieron tomar la dirección de las fábricas en sus propias manos.

Señala Víctor Alba, en El obrero colectivizado, que el hombre común tuvo la impresión de que no sólo era el amo de las fábricas abandonadas, sino también de las instituciones municipales o privadas paralizadas y ociosas.

"En Cataluña se creó una industria de guerra de la nada, el proletariado parió el milagro (…) fábricas y talleres funcionaban aumentando diariamente la producción, la iniciativa obrera desbordaba de creatividad" (Felipe Díaz Sandino, Diario Personal).

"En Asturias (la gestión obrera) construyó camiones y blindados, incluso fabricó combustible a partir del carbón para suplir la falta de gasolina" (Eric Monpó, Espontaneísmo en la revolución española).

En Cataluña, la empresa de tranvías pasó a ser gestionada por sus 7.000 trabajadores. Al toque, la gestión obrera mostró su superioridad frente a la patronal. Hizo circular más unidades, bajó las tarifas, realizó mejoras técnicas, aumentó los salarios, achicó las diferencias de los sueldos entre las distintas categorías, aumentó la cantidad de servicios y de pasajeros. A pesar de emprender nuevas inversiones y pagar mayores salarios, la empresa obrera multiplicó sus ingresos, disminuyendo pérdidas. Esta situación sólo pudo darse en el marco de suprimir los altos salarios de los ejecutivos y el pago de los beneficios a los accionistas.

Este fue el cuadro general para las empresas colectivizadas. "Aunque faltaron permanentemente materias primas hubo grandes adelantos y casi el 38% de las empresas gestionadas por obreros, se perfeccionaron" (Gastón Levan, Colectividades Libertarias en España).

"Se mejoraron las condiciones laborales, la jornada laboral se acortó, vía salario familiar se equipararon los salarios, se hicieron productos de mayor calidad. Los precios bajaron en la fabricación de textiles, de municiones de metal, en los servicios de agua, gas, electricidad, teléfonos, el pan, la pesca, el transporte municipal y ferroviario. En pocos meses de gestión obrera, aumentó el nivel de vida entre un 50% y un 100% en muchas zonas de España" (Peggy Kronegger, Más allá de la teoría: España 1936/1939).

Límites

El talón de Aquiles de esta extraordinaria experiencia obrera fueron:

1) La falta de una acción planificada en todo el país. Las colectivizadas trabajaron aisladas unas de otras. Aunque, contradictoriamente, la Federación de Campesinos de Levante reunía a 900 organismos colectivizados y la de Aragón a 500, la articulación de una Federación de Fábricas de todo el país no estuvo en la agenda de las organizaciones.

2) La banca continuó siendo privada y el Tesoro fue usado por el gobierno republicano para estrangular financieramente a las empresas gestionadas por sus trabajadores.

3) Los ministros de Producción (anarquistas) subordinaron las empresas colectivizadas al Estado Burgués (gobierno republicano). Al caer los ministros anarquistas, fueron reemplazados por republicanos y estalinistas, quienes terminaron definitivamente con las experiencias de gestión obrera.

El principal límite de la revolución en España no fue económico sino político. La transformación no podía coronarse sin el poder político en manos obreras.

A su turno, cuando pudo sentirse más fuerte el Estado burgués, con su Poder Ejecutivo republicano apoyado por el estalinismo, fue haciendo caer bajo su dirección a las empresas colectivizadas. "La consigna de nacionalización le serviría al Estado burgués para arrebatarles las empresas a los trabajadores. Esas empresas, en muchas ocasiones retornaron a manos de sus antiguos propietarios" (Jordi Escuer, Revolución y contra revolución en España, tema de debate).

Popularizar estas experiencias alumbra y ayuda al activismo del siglo XXI a no tropezar con la misma zancadilla patronal

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