| Movimiento Sindical y Empresas ocupadas y en lucha La gestión obrera en las empresas ocupadas |
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Fábricas
vaciadas, control y gestión obrera
8/08/2002
Pablo Heller
La quiebra de una empresa, en términos generales, es el capítulo final del proceso de vaciamiento que ejecutan las patronales. Debidamente asesorados por estudios y profesionales especializados y dedicados con exclusividad a esta materia, se preparan con sumo cuidado y detalle todos los pasos para llevar a la quiebra a la empresa y hacerle cargar el costo de la misma a los acreedores y a los propios trabajadores.
Los dueños terminan indemnes con sus bienes y fortunas bien resguardados, mientras dejan un tendal de deudas por sumas siderales en el camino.
Es usual en estos casos que, para fabricar la quiebra, se exagere la situación de falencia de la firma y se proceda a maquillar los números contenidos en el balance comercial, achicando el activo y abultando las deudas. Las patronales no declaran parte de la mercadería o de la materia prima o del parque de maquinarias. Esto ocurrió, por ejemplo, en Chilavert (fábrica gráfica de la Capital), cuyos dueños no incluyeron en el inventario de la firma, curiosamente, las dos impresoras más caras, valuadas en 40.000 dólares cada una. El siguiente acto consiste es sacar esos bienes "no declarados" de la planta y llevarlos a otro depósito o lugar físico "seguro" bajo control de la patronal y fuera del juicio de quiebra. En el caso de Chilavert, la acción de los obreros de la empresa impidió que se produjera el traslado de estas dos valiosas y estratégicas máquinas del establecimiento. Los compañeros de Brukman denunciaron que, previo a la ocupación de la planta, que comenzó el 18 de diciembre del año pasado, los dueños o parientes de ellos, venían retirando sistemáticamente mercadería e insumos (operativos que se hacían deliberadamente en horario nocturno). La oportuna intervención de los trabajadores impidió que esta sangría se llevase hasta el final. La patronal se dio maña, de todos modos, para que en el ínterin "desapareciese" la camioneta con que contaba la empresa para distribuir los pedidos.
Para abultar las deudas, se llegan a acuerdos con ciertos acreedores para incrementar el monto de la deuda, o si hiciera falta, se procede a crear nuevas deudas, fabricando préstamos u otro tipo de operaciones ficticias de endeudamiento de la firma. Por esta vía, los dueños se aseguran contar con un peso decisivo al momento en que el juez convoca a los acreedores para decidir sobre el futuro de la firma, o en el caso que se proceda, con ulterioridad, a rematar los bienes. La patronal hace, en muchos casos, arreglos "bajo cuerda" con algunos de los acreedores principales, resarciéndolos económicamente al margen del juicio. El "pato de la boda" terminan siendo los restantes acreedores y, en especial, los trabajadores, quienes quedan "colgados", sin cobrar sus indemnizaciones y sueldos atrasados o recibiendo apenas los despojos al procederse a la liquidación de los bienes de una fábrica diezmada.
Al momento de decretarse la quiebra, la destrucción de la empresa ya ha sido consumada.
Es necesario actuar antes de que este proceso avance y defender las conquistas y reivindicaciones apremiantes y vitales para los trabajadores. Una situación de descomposición y catástrofe capitalista como la que estamos atravesando, en la que todos los días se funde o entra en convocatoria una nueva empresa, exige disponer, a escala general, la apertura de las cuentas e inventario de todas las empresas, que deben ser sometidas a la verificación de comisiones obreras electas por los trabajadores para dicha finalidad. En caso de atrasos salariales o de falta de pago de la obra social u otras prestaciones que le corresponden al personal, la fiscalización debe extenderse a los movimientos de fondos diarios de la firma. Esto es lo que vienen haciendo los trabajadores de Transporte del Oeste, quienes impusieron con su movilización el control de la recaudación. La función de este control es asegurar que, en primer lugar, cobren los trabajadores, y no como ocurre usualmente, que éstos quedan en "lista de espera" mientras los patrones siguen haciendo sus retiros mensualmente o se cancelan deudas con los acreedores.
Los "indicadores" de que una empresa está en crisis o comprometida, así como las salidas dirigidas a intervenir en este proceso, deben tomar en cuenta los intereses y aspiraciones de los trabajadores y no como ahora, que están armados a la medida de los capitalistas. El atraso consecutivo de dos meses en el pago de los salarios o en forma discontinua en dos oportunidades; la falta de depósito de las cargas sociales en los mismos plazos enunciados; el despido de compañeros, deben ser incluidos como "indicadores" de la incapacidad empresaria para continuar al frente de la empresa. Los dueños deben ser apartados de esa función y deben ser sustituidos por una gestión obrera mediante la inmediata expropiación sin indemnización de la fábrica. Esta plataforma constituye un programa y una convocatoria de acción, y como tal, supone la acción directa de los trabajadores, la ocupación de las plantas y un frente común de todas las fábricas vaciadas y en un conflicto capaz de imponer una salida en términos favorables a los trabajadores al vaciamiento y bancarrota capitalista.